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Barón de Münchhausen

Bruckner - Münchhausen[1]

Karl Friedrich Hieronymus, barón de Münchhausen (Bodenwerder, 11 de mayo de 1720 – íd., 22 de febrero de 1797) fue un barón alemán que en su juventud sirvió de paje a Antonio Ulrico II, duque de Brunswick-Lüneburg y más tarde se unió al ejército ruso. Sirvió en él hasta 1750, tomando parte en dos campañas militares contra los turcos. Al volver a casa, Münchhausen supuestamente narró varias historias increíbles sobre sus aventuras.

 

A partir de estas asombrosas hazañas, que incluían cabalgar sobre una bala de cañón, viajar a la Luna y salir de una ciénaga tirándose de su propia coleta, Rudolf Erich Raspe creó un personaje literario entre extraordinario y antihéroe, cómico y bufón en algunas ocasiones, inspirando cierta pena en otras, actualmente un reconocido mito de la literatura infantil, heredero entre muchos del Quijote y de Los viajes de Gulliver, y con un mensaje filosófico radicalmente opuesto al racionalismo imperante en la época.

 

 

Münchhausen sirvió de paje a las órdenes de Antonio Ulrico II, duque de Brunswick-Lüneburg, con quien se trasladó a Rusia, donde fue nombrado corneta de la caballería rusa cuando Antonio Ulrico se convirtió en generalísimo en 1739. En 1740, sería ascendido a teniente. Destinado en Riga, participaría en dos campañas contra el Imperio otomano en 1740 y 1741. Cuando Antonio Ulrico fue encarcelado en 1741, Münchhausen permaneció al servicio del ejército ruso, y fue nombrado capitán de caballería en 1750.

En 1744 contrajo matrimonio con Jacobine von Dunten en Perniel, cerca de Duntes Muiža, en Livonia. Después de retirarse, vivió con su esposa en Bodenwerder hasta la muerte de ésta en 1790. Allí adquirió una curiosa reputación por las exageradas historias que contaba sobre las aventuras que había vivido en sus campañas militares, pero fue considerado al mismo tiempo un honesto hombre de negocios. Münchhausen volvió a casarse en 1794, terminando este matrimonio en un ruinoso y discutido divorcio. Murió sin descendencia en 1797.

 

 

El personaje literario creado por Raspe y basado en el auténtico barón de Münchhausen se caracteriza por las hazañas extraordinarias y extravagantes de las que fue protagonista, como montarse en balas de cañón, viajar a la Luna (donde los selenitas pueden separarse de su cabeza) o al infierno con Vulcano, bailar en el estómago de una ballena, matar a un oso y cubrirse con su piel para pasar desapercibido entre otros osos, cabalgar sobre un caballo cortado por la mitad (cuando bebía agua, ésta le salía por la parte de atrás al mismo tiempo), sacarse a sí mismo de una ciénaga tirando de su coleta, llegar a un pueblo completamente enterrado por la nieve —de tal manera que al día siguiente, cuando la nieve se despeja, y el pueblo aparece a los ojos de todos, se da cuenta de que ha atado su caballo a la aguja más alta del campanario, y que por tanto éste se halla colgando del mismo— o conseguir encender la mecha de un fusil gracias a su nariz (esto le permitió, entre otras cosas, viajar agarrado a una cuerda que se encontraba conectada a una bandada de patos, los cuales le llevaron en un gran trecho de su extraordinario periplo).

Quizás las aventuras más famosas del barón se refieran al reclutamiento de su peculiar ejército: un hombre de extraordinario oído (Gustavus), un forzudo (Albrecht), una persona que corría tan rápido que necesitaba grilletes para caminar con normalidad (Berthold) y un individuo de aguda vista (Adolphus). Ellos son quizás los protagonistas de la más curiosa aventura del barón, que tuvo lugar tras su entrevista con el sultán justo después de una batalla que los turcos ganaron gracias a Münchhausen (y a su habilidad para cabalgar sobre una bala de cañón, de ida y de vuelta).

El sultán ofreció al barón un exquisito vino de Tokaji, que el barón supo apreciar, aunque declaró que allá en las bodegas del emperador de Viena existía un Tokaji de una calidad aún superior. El sultán no se tomó a bien esta afirmación, y obligó al barón a realizar una apuesta: debería traer dicho vino en una sola hora al palacio del sultán y, si éste era en realidad mejor que el del turco, podría llevarse de su palacio todas las riquezas que pudiera. Pero si era de calidad inferior, le cortaría la cabeza. El Barón manda entonces a Berthold en busca del vino, pero ante su tardanza, Gustavus detecta por su oído que éste se ha quedado dormido bajo un manzano a unas cuantas leguas de allí, con lo cual, para solucionarlo, Adolphus dispara para hacer caer una manzana del árbol que despierte así a Berthold, quien llegará finalmente al palacio justo antes de que el barón pierda su apreciada cabeza.

El sultán tiene que reconocer que el vino del barón es claramente mejor, así que el barón cumple con lo prometido: se lleva todas las riquezas del sultán que puede. Contando con un forzudo como Albrecht, esto supone la totalidad de las mismas, lo que acarrea una persecución implacable por parte del sultán, que no permite que salgan vivos de ésta. Sin embargo, el ingenio y las extraordinarias habilidades de Münchhausen y sus hombres se imponen, y acabará por salir victorioso una vez más.

 

El barón de Münchhausen presta su nombre al Síndrome de Munchausen, una alteración psicológica en la que el paciente finge los síntomas de diversas enfermedades (o incluso se las provoca, ingiriendo medicamentos o autolesionándose) para recibir así la atención y simpatía de los demás, así como a una variante denominada síndrome de Munchausen por poderes en la que el paciente es alguien (normalmente un menor) al cuidado de la persona que sufre el anterior desorden. En este último caso el paciente puede sufrir abusos a manos del enfermo de Síndrome de Munchausen, de forma que necesite atención médica, recibiendo el enfermo la simpatía de los demás.

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